Sobre la ansiedad y los miedos infundados.

sobre la ansiedad

Los trastornos de ansiedad son un problema de salud muy grave. No sólo afectan a nuestro lado emocional y mental, sino que la ansiedad se manifiesta de muchas maneras corporales también: tensión muscular, sensación de ahogo, taquicardia, nauseas… en fin, una exhibición de síntomas psicosomáticos.

Sin embargo, la ansiedad no es un en sí misma un gran monstruo contra el cual luchar. De hecho, es una emoción básica (aunque no primaria) que absolutamente todos hemos experimentado y, con seguridad, volveremos a experimentar. Es su frecuencia e intensidad lo que marcará qué tanto interviene en nuestra vida y qué debemos hacer al respecto.

Por ejemplo, si tenemos algún pendiente que hacer o estamos esperando un resultado o noticia concreto, es lógico sentirnos algo ansiosos. Por el otro lado, si ésta sensación es constante independientemente de lo que estemos viviendo y encima deteriora nuestra capacidad de disfrutar la vida, entonces hay que prestar atención a nuestros síntomas y los mensajes que nos quieren transmitir.

Si la ansiedad está llegando a un punto en el que sientes que te desborda, lo más aconsejable es pedir ayuda profesional. Pero ni te tienes que esperar a que la ansiedad escale tanto, ni acudir al psicólogo es lo único que puedes hacer… ese es un paso que tú mismo sabrás cuándo dar.  La actividad física, estar en contacto con la naturaleza y expresarte de formas creativas y artísticas son actividades que disminuyen la ansiedad. Otra medida efectiva contra la ansiedad es reflexionar y tomar conciencia de que aquello que tanto nos preocupa en los momentos en que la ansiedad está disparada no está sucediendo y, muchas veces, no sucederá.

El consejo de Séneca

El filósofo Séneca en su carta a Lucilio sobre los miedos infundados escribió:

Muchas más son, Lucilio, las cosas que nos aterran que las que nos aplastan, con frecuencia sufrimos más en la imaginación que en la realidad

Y añade:

(…) lo que simplemente te aconsejo es que no seas desgraciado antes de tiempo como cuando aquellas eventualidades que tenidas por inminentes te provocaron pánico: quizás no lleguen nunca.

Séneca aconsejaba a Lucilio, quien tal vez no existió, pero sus palabras son en realidad un consejo para todos. Una invitación a cuestionarnos nuestras propias preocupaciones, no adelantarnos y disfrutar lo que tenemos en lugar de temer lo que puede o no acontecer.