Entendiendo la ansiedad.

Hace varias semanas, cuando escribí un artículo sobre lo importante que es saber que todos somos más que nuestra ansiedad, me di cuenta de que no había escrito sobre qué es la ansiedad en sí.

Aunque puede parecer bastante obvio, ya que todos hemos estado ansiosos alguna vez, creo que definir la ansiedad y compartir información básica sobre ésta, puede ser útil. Tener esta información nos puede ayudar a nombrar lo que sentimos, y de esta manera, entenderlo.

Ansiedad no es lo mismo que estrés.

Aunque los usemos como sinónimos, técnicamente no son lo mismo. El estrés es el proceso que se origina cuando las demandas ambientales superan la capacidad adaptativa de un organismo. Debido a esto, el estrés suele ser temporal (aunque no siempre es así) y su causa más fácilmente identificable que la de la ansiedad. El estrés también tiende a desaparecer una vez que el individuo se adapta al entorno o cuando el elemento estresor deja de estar presente.

Por otro lado, la ansiedad es considerada la respuesta emocional al estrés. Suele venir acompañada de sentimientos de inquietud, recelo, miedo y nerviosismo. Habitualmente está asociada a preocupaciones excesivas. Se puede considerar también como una expectación aprensiva.

Estas son literalmente las definiciones de libro de texto. Si quieres conocer más sobre el estrés y la ansiedad, puedes leer la unidad completa:  Estrés y ansiedad (Unidad 3) de Mcgraw-Hill.

Las manifestaciones de la ansiedad.

Los síntomas de la ansiedad pueden llegar a ser verdaderamente preocupantes. Tensión muscular, falta de aliento, sofoco, temblor o entumecimiento de extremidades, dolor de estómago y náuseas, son algunas de sus manifestaciones más comunes. De ahí la importancia de poder expresar lo que sentimos por medio de palabras. Cuando no sabemos muy bien qué sentimos ni, mucho menos por qué, nuestro cuerpo manifiesta esos malestares.

La ansiedad también tiene un componente muy fuerte a nivel de pensamiento. Pensar en las desgracias que pueden llegar a nuestra puerta, o en los casos más desafortunados que podríamos llegar a vivir, se convierte en parte de la rutina cuando se padece de ansiedad. Bien se dice por ahí que la ansiedad es un exceso de futuro.

Pero claro, como dichos pensamientos pueden ser tan negativos y absurdos, no los decimos. Tratamos de ignorarlos y controlarlos. Y así, vuelve a empezar el ciclo ansioso. Solo habitando en nuestros propios cuerpos.

Un simple paso hacia adelante es reconocer cómo nuestro cuerpo manifiesta la ansiedad. Lógicamente, no todos presentan los mismos síntomas ni en la misma intensidad. Si aprendemos a reconocer las señales de nuestro cuerpo podremos más fácilmente hacer algo por nosotros mismos.

La ansiedad puede ser tratada.

Es completamente normal sentir ansiedad. Existe para ponernos en alerta. Para crear movimiento. ¿Pero qué sucede si no se va?

La ansiedad se puede presentar incluso cuando no hay algún factor aparentemente desencadenante. Es decir, alguien puede estar ansioso y acelerarse sin que haya motivo alguno, y aun siendo la propia persona consciente de esto, no puede controlar su nivel de ansiedad. Cuando esto sucede, o cuando los síntomas de la ansiedad llegan a ser incapacitantes para realizar las actividades del día a día, te recomiendo buscar ayuda  profesional.

No hay vida llena de certezas y absoluta felicidad. La incertidumbre y frustración siempre serán parte de la vida. Y es precisamente por esto que hacernos cargo de fortalecer nuestros recursos para afrontar dicha incertidumbre cobra tanta importancia. Está en nuestras manos encontrar el balance.

Si padeces de ansiedad o conoces a alguien a quien le pueda servir esta información, te invito a compartir este artículo. Además, te dejo estos enlaces que tal vez te puedan interesar: