Date permiso de sentir ansiedad.

La ansiedad es parte de la vida y puede llevarnos a tomar acción sobre nuestros problemas.

Sin embargo, cuando es constante, puede ser algo francamente aterrador. Se convierte en una carga pesada que tenemos que llevar, independientemente de si nos sentimos lo suficientemente fuertes o no.

No es ninguna sorpresa que la ansiedad sea una de las razones más comunes por las que las personas buscan asesoramiento psicológico.

Como lo dicen en The Blurt Foundation:

Cuando tenemos ansiedad, todo puede sentirse muy desmesurado. A menudo nos sentimos nerviosos y estresados. Nuestros pensamientos pueden acelerarse y podemos sentir que nuestras reacciones a todo se vuelven muy extremas.

Está muy claro que tener ansiedad es bastante difícil, pero hay algo que lo hace un camino aún más pesado: la culpa.

Si tú tiendes a padecer ansiedad, lo más probable es que sepas de lo que estoy hablando: sentir ansia porque llevas varios días ansioso. Preocuparte porque te preocupas demasiado. Temer al miedo… y un largo etcétera. Entrar en este patrón causa culpa y con ello, más nerviosismo, irritabilidad y pensamientos obsesivos.

“¿Por qué me siento de esta manera?”. “Seguramente esto ni siquiera es un problema para los demás”, “Soy demasiado débil” y muchas otras conclusiones irracionales son algunos de los pensamientos que pueden agregarse a lo que sea que te causaba ansiedad en un principio.

Aunque hay muchas cosas relacionadas con la ansiedad que vale la pena decir, hoy solo quiero dejar aquí un mensaje bastante simple:

No te menosprecies por sentir ansiedad. Eres humano y por lo tanto tarde o temprano sentirás ansiedad. Date ese permiso para que puedas actuar en lugar de estancarte en tu propia angustia.

Cuando ya estás estresado por algo, lo último que necesitas es repasar cada pequeña cosa que hiciste o no hiciste sobre una situación específica. No necesitas a tu crítico esnob interior. Necesitas un amigo.

Tu mejor apuesta cuando la ansiedad llega es tratarte como tratarías a un buen amigo: con aceptación, franqueza y humor. Con permiso para estar ansioso de vez en cuando.

Tal vez no sea fácil al principio, pero pruébalo. Tratarte con amabilidad y respeto te llevará a la acción.

Puedes terminar dándote cuenta de que vale la pena invertir en tu salud mental. También podrías darte el tiempo de probar algún recurso de autoayuda. O retomar ese pasatiempo perdido que alguna vez tuviste. O aprender alguna habilidad nueva. El resultado final será que habrá cierta distancia entre la ansiedad y tú, y lo que es aun más importante, estar ansioso no será lo que te defina.

Porque todos somos más que nuestra ansiedad.