Está bien si no sabes cuál es tu pasión.

“Sigue a tu pasión” es un consejo muy popular pero menos práctico de lo que parece a simple vista.

Explorar lo que nos da curiosidad en lugar de lo que nos apasiona es mucho más sensato.

Muchas veces  asociamos la pasión con los genios. Con científicos que se pasaban leyendo libros y haciendo apuntes desde que despertaban hasta que se les terminaba el día. Con escritores que no paraban de crear mundos mientras, todo lo demás, tenía que esperar. O con atletas que practicaban una y mil veces con entusiasmo hasta lograr sus metas.

Esos genios lo tenían claro. Su pasión les hablaba, les dominaba… y ellos no tenían más opción que obedecerla.

Ya lo de seguir la pasión no queda tan bien cuando la tenemos que aplicar a nuestro día a día. A veces está, a veces no. A veces hay rachas enteras en que la pasión como tal, no aparece. Y no son pocas las personas que simplemente no sabrían decir cuál es su pasión.

Sentir que algo nos falta porque no tenemos una pasión puede causar mucha ansiedad.

¿Seré el único? ¿Es raro que nada me apasione especialmente? . *Spoiler alert: no.

También nos lleva a preguntarnos para qué hacemos lo que hacemos si “no tiene chiste”. El resultado es sentir desmotivación y apatía.
Si nos dejamos llevar enteramente por una rutina (que no nos satisface) nos sentimos como espectadores de nuestra propia vida.

En vez, seamos los actores.

Cuando llevamos un tiempo siendo solamente espectadores, olvidamos nuestra parte deseante. Aquella que nos da impulso para crear y vivir con más espíritu. Y por tanto, el consejo de “sigue tu pasión” funciona todavía menos.

La escritora Elizabeth Gilbert, propone que nos olvidemos de la palabra pasión, que suele estar rodeada de un aire de misticismo, y en un acto de autocompasión, sigamos a nuestra curiosidad.

La curiosidad solo hace una pregunta simple: “¿Hay algo que te interese?” ¿Cualquier cosa? ¿Incluso un poquito? […] la curiosidad te pedirá que gires la cabeza y mires un poco más cerca. Hazlo. Es una pista Puede parecer nada, pero es una pista. Confía en ello. Mira a dónde te llevará la curiosidad.

El consejo de Gilbert me parece muy sensato pues todo ser humano es un ser deseante y, desde su nacimiento, curioso.
Si no deseamos nada, no tendríamos motivo alguno de actuar. Así que, de manera consciente o inconsciente, el deseo es lo que nos mueve.
Pero, como hemos visto, el deseo no siempre se siente como una llama ardiente. También se puede presentar como una pequeña luz parpadeante. Si la seguimos, descubriremos si el camino por el que nos lleva nos gusta lo suficiente o no.

¿Qué te da curiosidad?
Házlo.

Sé el actor principal en la obra de tu vida. Y en el espíritu de la curiosidad, ten en cuenta que no tienes que convertirte en el mejor, ni en un experto, ni cambiar de trabajo, ni nada. Simplemente tienes que darte la oportunidad de experimentar las cosas que te llaman la atención. De este modo, enriquecerás tu rutina y tu vida.

En lugar de buscar activamente nuestras pasiones, sintonicemos hacia adentro y prestemos atención a la (siempre disponible) curiosidad.