La felicidad no lo es todo.

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El 20 de marzo se celebró el día internacional de la felicidad. Este día, instaurado por la ONU, intenta reconocer la importancia que tiene la felicidad para el bienestar individual y general de cada nación.

La felicidad es algo a lo que todos aspiramos y en nuestra sociedad se ha vuelto casi un mandato. Sin embargo, es importante reconocer que no es necesario (ni realista) buscar ser felices todo el tiempo.

En el famoso libro “El hombre en busca de sentido”, se cita a la profesora Edith Weisskopf-Joelson:

“Nuestra filosofía de la higiene mental al uso insiste en la idea de que la gente tiene que ser feliz, que la infelicidad es síntoma de desajuste. Un sistema tal de valores ha de ser responsable del hecho de que el cúmulo de infelicidad inevitable se vea aumentado por la desdicha de ser desgraciado”.

 

Aunque Weisskopf-Joelson escribió esto en 1946 sus palabras siguen siendo muy actuales. Nuestra sociedad promueve todo el tiempo que hay que ser optimista ante todo, paradójicamente, causando culpa y desdicha  en quienes no pueden mantener ese estilo de vida.

Hoy, como en el siglo pasado, existe una cultura de la felicidad que nos ha hecho creer que el sufrimiento cotidiano es enfermedad y que sólo hay bienestar emocional cuando se es abundantemente feliz y se piensa en positivo. ¡Sorpresa! las cosas no son así. Tenemos que darle al sufrimiento y a la frustración cabida en nuestras vidas. De esa manera, podremos lidiar con los pensamientos y sensaciones que nos provocan.

Felicidad y plenitud no son sinónimos. 

Como dice el título de ésta entrada, la felicidad no lo es todo. Sentirnos realizados con lo que hacemos y la vida que llevamos no significa vivir en un estado de entusiasmo absoluto. Construir una vida plena y significativa implica cuestionarnos cosas, superar pérdidas, aprender a poner límites, cambiar paradigmas, perdonar y pedir perdón, etc. Todo lo anterior no es ni simple ni divertido, pero nos enriquece como personas y nos ayuda a crecer emocionalmente.

Hay que admitirlo: hay cosas que se tienen que sufrir. Y como dice la canción de Depeche Mode, hay que sufrir bien. El mal momento pasará, pero el aprendizaje, en el mejor de los casos, quedará para siempre. La felicidad y la dicha son un componente importante en nuestra calidad de vida, pero no son el todo. Date la oportunidad de sentir todas las emociones y prosperar.