La curiosidad te puede ayudar a ser más inteligente.

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La curiosidad puede hacerte más inteligente. ¿Cómo? se ha visto a través de estudios científicos que la curiosidad puede llevar al cerebro a un estado propicio para aprender y retener cualquier tipo de información.

En términos muy generales, las personas curiosas aprenden mejor. Pero la inteligencia en la que me gustaría enfocarme hoy es la emocional.

Sí. Ser una persona curiosa ayuda mucho a entender y aceptar las emociones. Cuando te sientas bloqueado, trata de observar qué emociones estás experimentando. No es lo mismo decir “me siento mal” a por ejemplo, buscar un poco más allá y darse cuenta de que ese malestar genérico es, tal vez, enojo, tristeza, vergüenza, o incluso, simplemente cansancio.

Reconocer y nombrar nuestros sentimientos es ejercitar nuestra inteligencia emocional.

Además, por más simple que esto parezca, reconocer los matices de lo que sentimos y nombrar aquellas emociones angustiosas nos da una forma de validar nuestra experiencia interna. Y como dice la psicóloga Beth Kurland, también  tiene el beneficio adicional de reducir su intensidad.

Es decir, aquello que sentimos ya no es una amenaza misteriosa e indescriptible. Al explorar nuestras sensaciones y percepciones podemos, simplemente, identificarlas y registrarlas dentro de una temporalidad. Pasar de “me siento mal y no sé por qué” dista mucho de “ahora mismo me encuentro triste.” Esta segunda opción es menos inquietante… después de todo, ya hemos estado tristes con anterioridad y no ha sido el fin del mundo. La diferencia, muchas veces, está en seguir nuestra curiosidad y no tratar excesivamente de evitar sentir lo que sentimos. Como aclara Kurland:

Ser curioso en lugar de temer o rechazar (las emociones) proporciona una mejor lente para comprender los sentimientos.

La ansiedad y la aprehensión nos hacen quedarnos quietos. Con dudas pero sin preguntar. Sin embargo, la curiosidad  nos invita a probar, a participar. No tiene que ser un gran deseo el que nos mueva, ni tenemos que tener un propósito muy claro, para no angustiarnos mucho, a veces sólo hace falta prestar atención a nuestra curiosidad.  

Hace tiempo escribí sobre cómo ser curiosos puede ayudarnos a ser más creativos y es justamente esa actitud curiosa la que puede ampliar nuestro entendimiento emocional.

Ya que la curiosidad se trata de reconocer y explorar nuevas experiencias, más allá de anticipar si éstas experiencias serán del todo agradables o no, ser curiosos con nuestras propias emociones es una buena idea.