Sobre el acto de perdonar.

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El tema del perdón es algo que nos toca a todos. Hay momentos que tenemos que perdonar, y otros tantos, en los que nos corresponderá pedir perdón. Estar en cualquiera de las dos posiciones puede llegar a ser muy difícil. Por eso, quisiera compartir algunas notas sobre este tema tan importante para toda clase de relaciones personales.

Perdonar tiene beneficios psicológicos.

El acto de perdonar a alguien que nos ha lastimado implica bondad. Pero sobre todo, implica reconocerse capaz de pasar a otra página y continuar una historia.

Muchos son los beneficios psicológicos que se presentan cuando uno perdona, entre los más importantes se encuentra la disminución del estrés. Además, cuando se dejan rencores atrás, se libera espacio mental y emocional.

Por eso se dice que quien perdona lo hace como un gesto de bondad hacia sí mismo. Un gesto que le permitirá continuar con su historia en lugar de estancarse en un punto de ésta.

Existe otra razón para perdonar que The School of Life plantea desde una perspectiva más pragmática:

Sin pensar, has añadido sal a las heridas de los demás. No necesitamos saber nada sobre ti para saber esto como una certeza. Debemos perdonar porque, no ahora, no por esto, sino un día, por algo, debemos ser perdonados.

Perdonar no es lo mismo que olvidar.

Perdonar es seguir adelante, sin embargo, no es lo mismo que olvidar. Cuando perdonamos, tendremos que hacerlo desde la honestidad. Olvidar así como así alguna ofensa o agravio, podría hacernos caer en la misma situación más de una vez.

Perdonar genuinamente es reconocer y aceptar lo que nos ha hecho daño y convertirlo en una parte más de nuestra historia de vida. Sin olvidarlo o justificarlo.

Si bien no hay que olvidar, tampoco es sano aferrarnos al recuerdo de algo doloroso. Como se comenta en este podcast que recomiendo: “A veces hace más daño el recuerdo del agravio que el agravio mismo.”

Cada quien perdona a su ritmo.

Guardar rencores y planear venganzas tiene consecuencias negativas en nuestro bienestar emocional, eso no es ningún secreto. Pero hay que tener en cuenta que irnos al otro extremo tampoco ayuda: obsesionarnos con eximir de toda culpa a quien nos lastima tan sólo porque sabemos que es “lo correcto” puede resultar muy desgastante. No hay necesidad de reprimir lo que verdaderamente sentimos, pues hacerlo, también tiene sus consecuencias. 

Perdonar es un proceso que toma tiempo y, como un favor hacia nosotros mismos, necesitamos respetar nuestros propios ritmos. No tienes que perdonar justo ahora.

Perdona cuando estés listo para hacerlo.